Retrucando la hipótesis sobre la debilidad de Macbeth y la enorme influencia de Lady Macbeth sobre el comportamiento sanguinario de su marido, me animo a decir que él, si bien no es un héroe de estatura mitológica (y a partir de Orestes nadie lo es), no funciona por el deseo de su mujer sino en relación a su propio deseo de ser un hombre tanto en sentido general (ser un ser humano) como en sentido específico (ser macho).
Una mirada más amable sobre Macbeth parece imponerse, sin embargo no es amabilidad sino algo así como una declaración de alerta contra interpretaciones que le adjudiquen todo el mérito de la tiranía a los exabruptos de Lady Macbeth, producto de su insatisfacción. Después de todo no le faltan motivos para sentirse insatisfecha, aburrida en su palacio, con el marido siempre guerreando por acá y por allá, carente de amantes, sin amigas con las que conversar y sin más prestigio que el que puede darle el nombre de su esposo. ¿Cómo no va a cebarse con la idea de ser reina y cambiar un poco esa vida en la que nunca le toca ser el centro? Sí, Lady es una cebada y él no desconoce tal situación.
En este punto es preciso reflexionar acerca de las acciones que efectivamente él lleva a cabo. Es cierto que Lady Macbeth le llena la cabeza pero no hace más que insistir y acrecentar el deseo que ya está en su consorte. Y acá hay una cuestión crucial en la que sí concedo mérito a ella y es que de no haber insistido tanto no habría salido a la superficie el deseo reprimido de Macbeth, ella no hace más que formularle una pregunta clave “¿Temes ser en acciones y en valor ese mismo que eres en deseos?”…eso y decirle que conoce su subconsciente es más o menos lo mismo y frente a semejante puesta en evidencia, no hay más que aceptar cuando ya está puesto en discurso lo que resultaba indecible.
Es decir, es la esposa quien expresa los deseos del marido poniéndolo al descubierto, pero el deseo es de él, si no quisiera con tanto fervor sentirse poderoso (rey) y potente (macho), ella no hubiese tenido la menor influencia sobre sus actos. Ahora bien, y acá aparece la encrucijada de Macbeth, más que nada en el mundo desea ser humano, lo expresa con lucidez cuando afirma que “Yo me animo a hacer todo aquello que es propio que haga un hombre. Aquel que a más se atreva, no lo es”.
Y qué es lo que hace que un hombre no sea hombre, obviamente aquello que lo ubica en el lugar de las bestias irracionales, lo que lo lleva al territorio de la animalidad.
Entre otras cosas, un hombre deja de serlo cuando comete parricidio e incesto. ¿No es acaso lo que a Edipo lo empujó fuera de las fronteras de Tebas? Incestuoso y parricida deja de pertenecer al orden social. La diferencia es que Edipo se aleja de la sociedad porque ya no es uno de ellos y Macbeth, al realizar el acto que lo expulsa del orden social, va a intentar destruir definitivamente ese orden haciendo desaparecer todo aquello que ponga en peligro el lugar que consiguió, paradójicamente un lugar fuera de lo social.
Aclaro un poco más.
Macbeth es un hombre común y tal vez por eso nos conmueva en algún sentido más allá de su devenir tirano. Como tal, tiene deseos comunes, ser poderoso y potente. Hasta acá, nada raro. Pero lo que va a resultarle una trampa que lo dejará afuera de lo humano es justamente haberse enceguecido al punto tal de deponer su deseo de grandeza humana a la provocación de su esposa que lo acusa de cobarde (no se es poderoso siendo cobarde) y de ya no ser un hombre (no se es macho siendo impotente). Entonces, para poder ser ambas cosas deberá cometer la acción que justamente las anulará.
Es la encrucijada: matar al rey para ser rey y para ser hombre.
Sin embargo al asumir el trono ilegítimamente se convierte en no-rey, en este sentido, sólo puede “representar” ser rey, no lo es. Por otro lado, teniendo en cuenta el carácter simbólico que tiene la figura del rey como “Padre”, Macbeth, al matarlo está cometiendo parricidio y no sólo eso sino que esta acción lo ubica en un espacio incestuoso si tenemos en cuenta que Lady Macbeth dice que es como un padre también para ella y por eso le pide matarlo él. Acá, salta a la vista la obviedad de la relación fraterna que se establece entre ellos, para ambos es como un padre, por lo tanto se inscriben en la misma zona por la que merodean Electra y Orestes, aunque pareciera no ser lo mismo matar a la madre que al padre, lo cierto es que funcionan del mismo modo que estos dos hermanos parricidas. Con lo cual, al establecer una relación fraternal con Lady Macbeth, entran en un territorio en el que su relación, por ser incestuosa, tenderá a ser anulada.
Además, si bien es cierto que simbólicamente (terapéuticamente) es preciso “matar a los padres”, la idea es poder hacerlo para construir un espacio propio y no para reemplazar su figura ocupando su espacio.
Entonces, claramente, al matar a Duncan (rey-padre), Macbeth se apropia de su rol de rey y también se “yergue” como macho frente a Lady Macbeth (esposa-hermana). Ninguna de las dos cosas van a poder funcionar bien porque pasan a ser representaciones lúdicas de roles imposibles. No se puede pasar por alto que el hecho de que sea ella quien le dé la daga (falo) para matar (penetrar) al rey, atenta claramente contra su constitución viril.
Pero Macbeth está en la encrucijada y ya no tiene retorno, ¿a qué hombre le temblaría el pulso si su autoestima estuviese amenazada cuando se lo acusa de débil que es una condición entendida históricamente como femenina? Entonces, sin dar más vueltas sobre el asunto, obnubilado con ceguera funesta, se olvida de su deseo de ser ante todo un ser humano y abre la puerta del dormitorio de Duncan y lo mata.
¡Caramba! No sólo lo mata sino que humilla el cuerpo del rey (padre) clavándole (penetrando) la daga (falo).
Después de esto, ya no hay nada que no pueda realizar porque el límite fue cruzado y el único retorno al orden social y humano es la muerte, pero como Macbeth no sólo se aferra al trono sino que se aferra a la vida como un animal cuyo instinto de supervivencia lo vuelve predador obligado, pelea hasta el último minuto.
Sin embargo, y acá es donde aparece un oculto gesto heroico, escudado en su aparente desborde de poder, se enfrenta con Macduff y, sabiendo que es éste quien lo va a matar, se entrega a la pelea situándose en un territorio suicida. Ahí es donde recupera cierta localización en la esfera de lo humano.
Es en ese momento en que vuelve a ser hombre.
Sin embargo, y acá tal vez pueda encontrarse cierto costado trágico, se entrega a una muerte segura que le devolvería su carácter humano pero, justamente, en esa muerte se confirma su nulidad como rey/macho. Llega Macduff para matarlo con su “filosa” lengua al decirle que él es de quien hablaban las brujas en el vaticinio de su muerte y encima lo decapitan!. Finalmente Macbeth termina simbólicamente castrado. Él mismo antes de morir, después de que Macduff le revela que es él quien no ha “nacido de mujer” porque nació por cesárea, reconoce “Condenada sea la lengua que lo dice, porque desanimó lo mejor de mi hombría”.
En definitiva, Lady Macbeth fue apenas una intermediaria entre el deseo y la realización. El deseo de Macbeth era ser humano, ser rey y ser macho…pero en la circunstancia en la que se encontraba, estos deseos resultaban incompatibles. Sin embargo una vez expresados, puestos en discurso, constituyeron su encrucijada en la que sólo pudo “representar” eso que era porque en definitiva fue falso rey, falso macho pero hacia el final, en su entrega a la muerte segura, humano.
Es claro, a fin de cuentas, aunque sin admitirlo, cumplió con “su” deseo de ser humano, terminó realizando “su” deseo y no el de su consorte. Y en esto le fue la vida en un acto casi sacrificial…casi heroico.


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